Evgueni Stuchenko: A la izquierda muchachos, a la izquierda, pero nunca más a la izquierda de vuest

miércoles, 1 de octubre de 2008

Breve reivindicación del escultor



ENRIQUE MORENO RODRIGUEZ


En la parte sur del pueblo, uniendo la calle de Las Eras y la calle Ocho Fanegas, es decir, en un lugar de evocación agraria, hay una calle quebrada, con pequeña pendiente, que se llama Escultor Enrique Moreno. Se acuñó la memoria de las artes con el trillo y el arado ya desaparecidos. Se sabe poco en Montalbán de este hombre que nació aquí, justo cuando se iniciaba el siglo XX. En realidad, su vida fue muy corta, porque lo fusilaron por sus ideas vanguardistas y liberales apenas se inició la contienda civil de 1936, y su obra, además, tampoco fue abundosa, aunque sí prolífica.

Sus exegetas lo calibran de un talento exquisito y superior. A sus escasas obras se las sigue manteniendo en culto. Originalidad y valentía aseguran que fueron sus teorías practicadas sobre los nobles materiales. Pero no le dieron más tiempo, había que matar y lo mataron. No le dejaron más tiempo ni más vida, y no era ni afiliado a la política, sino filial del pensamiento libre y la palabra inteligente. Se sabe que estaba dotado para la oratoria con la coherencia y la cultura que para sí quisiera el más destacado filósofo que por entonces regentaba el pensamiento en España. José Ortega y Gassel, con quien hiciera buenas migas. De ahí nació la anécdota, lo que más conoce el pueblo sobre Enrique Moreno, el joven escultor que lucía el aura de Fenómeno en aquella Córdoba de ágoras y sombras y de sabiduría: «Cuando el Fenómeno habla, Ortega y Gassel escucha». ¿Por qué no habremos de remembrarlo así, si fue verdad?

Pero en La Rambla, a donde fue a vivir de niño hasta la adolescencia, le encargaron realizar una imagen religiosa, que al parecer no salió a gusto de los párrocos y la postergaron. En esas fechas, Moreno era el impulsor del cubismo-expresionismo en la escultura. Le salió al santo una cara demasiado larga para el gusto devoto, asunto que, probablemente, no había considerado el escultor, sino que fue a lo suyo, a ser original y a ser persona. Del suceso surgiera el dicho: «Tienes más cara que el santo de La Rambla», que venimos usando en estos lares para que quien sea un verdadero caradura no se expanda. Otra obra de Enrique Moreno que sufrió el desprecio administrativo y político fue una placa que el pueblo de La Rambla le encargó en homenaje a Alejandro Lerroux. Se trata de una gran piedra con los símbolos de la República imperante: algo magistral para un motivo sencillo. Representa una mujer desnuda, de espaldas, que porta una jarra y un tallo de trigo. Pero al cambiarse las tornas, cuando llegaron los nacionales, por borrar la imagen del político se arrancó la placa de donde estaba puesta, sin pararse a determinar que el autor del magnífico relieve era de ascendencia rambleña y que además ya había pagado con su propia vida. Ya medio rota y manchada de alquitrán se iba a tirar a la escombrera, pero, al parecer, un avispado rambleño la conservó en su propia casa largo tiempo escondida, hasta los años de la nueva luz.




ESCULTURA A EDUARDO LUCENA CON LA MUSA ALEGÓRICA A LA MÚSICA AL PIE.
ESTA MUSA DESAPARECIÓ ANTES DE RECUPERARSE LA OBRA



Y mientras tanto que la luz volviera al corazón de España, la obra principal de Enrique Moreno padeció el más denigrante de los abandonos. La obra principal de Enrique Moreno es el monumento a Eduardo Lucena, hecho en piedra negra, en la que no pudo terminar la alegoría de la música a los pies del famoso músico cordobés. El historiador Dionisio Ortiz Juárez, en un rapto de irritación y desconsuelo, publicó en noviembre de 1964 en el diario de la capital una nota reivindicativa de esta escultura de tamaño colosal. Del mismo extraigo el siguiente relato: «En un descampado próximo al viaducto del Brillante, sin vigilancia, con el resguardo de piedras que se la pusiera, venida al suelo la figura triste y pensativa de Eduardo Lucena, de aquel que tanta gloria dio a su patria con su música y que tanto enalteció el nombre de Córdoba y el de España con las triunfales actuaciones del Centro Filarmónico en el extranjero, hoy, como un trasto inservible, sirve de blanco a las pedradas de los chiquillos, que ya han arrancado de su cara la parte más vulnerable de la estatua, la nariz, y, de seguir donde está, acabarán por destrozarla toda. Por el buen nombre de la ciudad, por la memoria de un cordobés insigne…» Etcétera.

No bastó con fusilar al hombre, también se quiso destruir la piedra de sus manos. Pero Franco murió y con él la desidia. La memoria del escultor se recuperó decentemente, a instancias de un grupo de artistas e intelectuales encabezado por Angel López-Obrero, instalando ese monumento en una plaza céntrica de la ciudad. Ocurrió mediante un acto solemne, con la luz meridiana de un domingo de otoño. 1981. El alcalde de Córdoba era ese día Julio Anguita, y unos cuantos de montalbeños estuvimos allí.

Por el lado de La Rambla, en fechas recientes se ha restablecido públicamente la placa homenaje a Alejandro Lerroux, obra genial del escultor Enrique Moreno. Puede verse en el Paseo de España, al pie de la palmera.

Y en cuanto a su pueblo natal, en la parte sur del pueblo, uniendo la calle de Las Eras y la calle Ocho Fanegas, es decir, en un lugar de evocación agraria, hay una calle en escorzo, con pequeña pendiente y quiebro en ángulo, a él ofrendada. En esta ocasión se acuñó evocadoramente la memoria de las artes con el trillo y el arado ya desaparecidos. Tal vez falte instalar en la fachada de la casa donde nació, calle Empedrada 111, o en cualquier otro lugar público, una breve leyenda que lo recuerde. Para tal efecto, el ya fallecido Francisco Adamuz, Paco el de Pomposa que fue amigo y admirador del Fenómeno, realizó el molde para un posible relieve de su efigie.