Evgueni Stuchenko: A la izquierda muchachos, a la izquierda, pero nunca más a la izquierda de vuest
sábado, 31 de agosto de 2013
Agüerfao
viernes, 19 de octubre de 2012
Usos elementales de la Gramática Española
sábado, 31 de diciembre de 2011
viernes, 12 de agosto de 2011
Un balón "bombeao"
miércoles, 10 de agosto de 2011
Telera
Tras nueve explicaciones en las que se discurre sobre asuntos y cosas ajenas a la buscada, en la décima acepción el DRAE dice lo siguiente de la palabra telera:
10. f. And. Pan bazo grande y de forma ovalada que suelen comer los trabajadores.
Por bazo dice que es de color moreno y tirando a amarillo, y de pan bazo una bestialidad nunca vista por un servidor: pan que se hace de moyuelo y una parte de salvado.
viernes, 15 de julio de 2011
LA INVENCIÓN DE TALBANIA
sábado, 2 de julio de 2011
Hay pipas saladas
no mantienen pero entretienen
el que las prueba repite
la barriga no engorda y el estómago lo admite
el que las quiera las compre y el que no
que se vaya a su casa y coma acemite.
martes, 23 de noviembre de 2010
miércoles, 13 de octubre de 2010
lunes, 5 de julio de 2010
Andrés Neuman. El viajero del siglo, página 352. Alfaguara 2009
Decía yo hace unas entradas que «El placer de evocar y de mirar contiene la belleza del silencio», que «la memoria se expande y surge la creación de los recuerdos». Bueno, eso era algo poético, metafórico o retórico en comparación con las inteligentes definiciones de Andrés Neuman en el libro citado. Yo contemplaba la belleza de una foto de Daniel Mordzinski ante la pose de un García Márquez casi de maniquí, fotografía cuyos colores y detalles escénicos dicen, tal vez, más que el propio retratado. El retratado, de perfil y blanco, mira ausente hacia la calle, o la pared, y entonces yo pensé lo que creí que él pensaba, y así está escrito: «Los sueños existieron, la crisis atenúa las marismas, mas quedan las palabras, su silencio esperando».
Tengamos en cuenta que se trata de un hombre ya muy mayor pero cuyo cerebro siempre está celebrando las auroras que ha de traerle la esperada carta al coronel.
Eso era todo. El silencio no existe nada más que para que la palabra se signe y signifique. Son muy parecidos estos dos conceptos (signar y significar) pero ambos existen para bien nuestro.
domingo, 13 de junio de 2010
El gurrumino y la osteridá
El cliente pide un vaso de agua, por favor, y el camarero, solícito, se la sirve al punto. Pero el vaso no viene lleno del todo, a bebe ratón, a rebosar, lleno hasta los bordes, sino que le faltaban dos o tres dedos.
─¡Mira cómo me pones el vaso, medio vacío! ¡Y eso qué es agua!
Además de solícito es guasón el camarero y mientras limpia unos vasos con el paño que ustedes conocen contesta impasible que estamos en crisis, que hay que ser austero.
─¡Ostero! ¿Qué palabra es esa, Agustín! ¿Dónde has aprendido tú a emplear palabras raras? ¡Ño, ostero!
─Austeridad, que quiere decir no gastar más que lo necesario ─responde, además de solícito y guasón, con prosodia y formalidad risueña. El cliente continúa la lección.
─¡Osteridá! ¡Eso es ser gurrumino en toas las tierras de garbanzos! ¡Apañaos estamos con la osteridad y la crisis!
sábado, 22 de mayo de 2010
CUALQUIER "EVENTO"
Los atentados contra el habla son imparables y cada día más chirriantes. Cada petimetre y cada inculto engreído, es verdad que manipulado por la estulticia sin medida de los extranjerismos y los modismos que avienta la prensa, que hacen habituales los presentadores incorrectos, se convierte en un fatuo propagador de la desvergüenza idiomática. Esos términos “comodines” de los que tan a gusto se aprovechan los políticos al uso, ese vocablo que pasa de boca en boca como un signo de distinción o modernidad, pero que muy pocos consultan en el diccionario antes de aclarar su significado, se aplica por igual a un casamiento, a un funeral o a la cojera de un perro. Dicho hasta la saciedad por los comunicadores lo recoge con altivez uno de mis visitadores médicos y, para agradecerme los tres minutos que le he dedicado con atención, me emboca como una ofensa pestilente: «…este evento de magníficos clientes y clientas que yo tengo aquí…».
La próxima vez ¿también lo recibiré de buen grado?
Me he quedado tan perplejo como herido y no sé con qué imagen poder ilustrar esta nota. ¿Alguien me echa un cable?
jueves, 20 de mayo de 2010
Sobre la Final de Copa
Hay un señor de Costa de Marfil llamado Christian Koffi Ndri Romaric que juega en esta competición y, en consecuencia, en la Liga Española de fútbol. Como no sé de lenguas, ignoro si su apellido se pronuncia con terminación aguda, Romaríc, o en esdrújula, Rómaric, pero lo que agradecería a los locutores que radian los partidos de fútbol es que se lo preguntasen a él y, si le hacen caso, quizá nos aclaremos.
Bien, dicho esto que creo importa poco para el buen funcionamiento del deporte, se juega la Final de la Copa del Borbón y comienza el partido. El locutor define el encuentro como «la fiesta del fútbol español», y queda bien. Hay mucha expectación, bastante más que en la otra fiesta llamada genuinamente Nacional.
Una vez comenzado el encuentro el realizador de la retrasmisión televisiva va seleccionado imágenes en las que aparecen autoridades. Muchas autoridades. Las cámaras enfocan al hijo del Borbón, es decir al marido de Letizia ausente, el príncipe, y a su lado se ven otros señores. A dos de ellos los conozco y el locutor dice el nombre de uno de ellos: el presidente de la Generalitat, José María Montilla. El otro era Miguel Ángel Moratinos, ministro de lo suyo.
Siguen las jugadas.
La cámara muestra otras autoridades y el locutor nos da sus nombres: Esperanza Aguirre, presidente de la Comunidad de Madrid y, a su lado, el alcalde de Madrid señor Gallardón.
El futbolista Diego Capell, del Sevilla, cuela un gol. Creo recordar que fue después de este suceso, que calladamente celebro, cuando siguen apareciendo segundos de autoridades. En este plano un servidor conoce a uno de ellos pero no al que está al lado, con barba cana, que lo recoge la cámara haciendo un gesto. Me aclara el locutor que se trata de Alfredo Sánchez Monteserín, el alcalde de Sevilla. Del que yo conozco no dice el nombre.
Y aquí, yo, un andaluz afectado por la omisión: Cataluña tiene su presidente de la Generalitat y se llama Fulano de Copas; la Comunidad de Madrid tiene su presidente y se llama Mengana la Rubia; …y Sevilla tiene un alcalde con su atractivo nombre. ¿Y Andalucía? ¿No tiene Andalucía un presidente para sus andaluces? Pues sí, lo tiene, se llama como sabemos y estaba ahí, ante la cámara que lo enfocó al lado del alcalde entusiasta.
«Ahora se lo advertirá el realizador, o el coordinador, o el acomodador…, o se lo soplará uno de los otros dos comentaristas», pensaba yo, esperando la rectificación de la omisión, u olvido, del locutor. Pasaron los minutos y nada. José Antonio Griñán ni fue nombrado ni volvió a salir. Y eso que iba ganando el Sevilla.
Pero ¿acaso soy yo un regionalista presumido o qué? ¿Te vas a molestar tú por eso, hombre? ¡Si no es más que un político!
En el descanso sí se enmendó el entuerto. Una señorita entrevista al alcalde, potencialmente ganador de la Copa, y al término de la entrevista el locutor me tranquiliza. «Por cierto, el alcalde, al que acompaña en su tribuna José Antonio Griñán, presidente de la Comunidad Andaluza». Bueno, ya está dicho. Para que veas que todavía hay vergüenza en TVE. Haya paz. No seas mal pensado ni sigas creyendo que Andalucía es la hermana pobre de España, que las hay peores.
Pero claro, estamos tan “jeirítos” desde aquellos tiempos en los que Andalucía era postergada ante otras regiones que… ¿No será tu resentimiento casposo, un complejo de inferioridad colectivo? ¿No sabes que ahora la laman la subsidiada?
¡Envidias cochinas!
miércoles, 24 de marzo de 2010
HOMBRE Y MUJER
EL LATÍN DEL DÍA
hic et haec homo
LA PALABRA DEL DÍA
Por Ricardo Soca
http://www.elcastellano.org/palabra.php
Martes, 23 de marzo de 2010
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española dice:
hombre.
1. m. Ser animado racional, varón o mujer.
2. m. varón (‖ ser humano del sexo masculino).
mujer.
1. f. Persona del sexo femenino.
Y para esta semana santa, disfrutad y sed felices, que probablemente Dios no exista.
miércoles, 24 de junio de 2009
LA CONVERSACIÓN MÁS CORTA
Augusto Monterroso, el escritor guatelmateco que se hizo muy famoso en nuestros lares por el hecho crucial de haberse muerto en 2003, está considerado de ser el autor del cuento más corto de la historia de la literatura en habla hispana, ya saben, aquel que dice: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Sin embargo hay quien le gana: El Emigrante. El emigrante es otro microcuento del escritor mexicano Luis Felipe Lomelí, a quien no conocemos personalmente, que supera la fama del famoso guatelmateco. Helo aquí:
─¿Olvida usted algo?
─¡Ojalá!
Recuerdo que mis hermanos emigrantes nunca olvidaron ni siquiera los pasodobles de Juanito Valderrama.
Pero yo he oído esta mañana, de un borracho de vuelta de Alemania, casualmente, la conversación más corta que pueda darse en nuestro idioma popular. Puede tomarse, sin remilgos ni prejuicio alguno para quien lo cuenta ahora, como eso: como un chiste de taberna con su arista de risa y escatología, con su alambre de mala educación y desvergüenza.
Uno lo trae aquí como un fleco de lo que fue La república hablanera, esa forma concreta y peculiar de expresarse y entenderse las personas sin más prosodia ni prosopopeya que la de darle al habla, a la palabra, lo que el tiempo requiere: el entendimiento humano. Dice así:
Uno está cagando en el retrete de un lugar público. Alguien empuja la puerta para entrar y el que caga gruñe:
─!Eh!
Y el otro contesta:
─Ah
miércoles, 15 de abril de 2009
Contactos
martes, 20 de mayo de 2008
El olor de la ajucema
Recién casados han estado allí, fueron a pasar las Navidades sin predisposición para los hallazgos. La juventud tiene sus reglas, o carece de ellas, pero el amor les da la condición de formas imprevistas. Su esposo, hijo de emigrantes de Talbania pero alemán de formación y espíritu, quiso que conociera a sus padres. Hutta no conocía el sur de España, ni conocía España sino por la nostalgia empalagosa que a menudo recordaba Antonio como una evocación no siempre colorista.
Como una bienvenida transitable percibió la suavidad del clima en esa época, tan distinto al de su lugar de procedencia. Al volver de nuevo al norte, a su ciudad del norte con cristales y nieve en los aleros, le preguntaban cómo era aquel lugar remoto, ese pueblo sin señas en la cartografía universal. Ella contestaba sonriente, pero distante, sin desmenuzar matices sobre lo que allí había visto que su mejor recuerdo lo traía en el olor de la ajucema. La ajucema, contaba Hutta, es una planta aromática cuya semilla, al calentarse y quemarse en el brasero de picón, o sobre el fuego de una palmatoria, produce un olor voluptuoso, casi parroquial, hechicero.
Rito si primitivo que apreció como la exaltación de la familia a los encuentros.
Hutta aprendió a decir el nombre de la alhucema del mismo modo que su suegra pronunciaba. Ajucema. Como en Hamburgo no se usa esa práctica casera, la consunción de esa planta perenne, mediterránea y púrpura, cuyo aroma es igual y es enervante y, por lo tanto, desconocía, se lo quedó como reliquia en la memoria, emparejado con el alma de Talbania: silvestre, mas penetrante.
lunes, 21 de abril de 2008
Fructuoso y Fertuosa
Ha muerto sin descendencia y fue la última mujer que, en Talbania, lució el nombre de Fructuosa. Si acaso también la única. Mas lo que son las cosas: el pueblo la recuerda por el nombre de Fertuosa la del cubano. Sin duda que ese equívoco turbulento de la pronunciación fue aceptado por ella misma desde chica, y hasta que no fue al juzgado a casarse no supo su verdadero nombre.
─Mujer, que ese nombre no existe ─le advertía el funcionario.
─Pues así me puso mi padre, Fertuosa, por mi abuelo el cubano.
Su abuelo sí fue cubano, y se vino a vivir allá en Talbania tras la pérdida de la colonia. El hombre arrastraba los dejes bembones de los mulatos caribes y puso un negocio de café para buscarse la vida. Iba también por los pueblos de la comarca con su paciente burrito y su mercancía de ultramar: Montalbán, La Rambla, Santaella, pero fue en Talbania donde los niños tomaron a burla su pregón callejero. En los otros pueblos lo vendía en grano y molido; en el suyo propio lo ofrecía ya para tomar trasportándolo en ambas damajuanas sobre el serón de su borrico. Por su modo lento de hablar, tardaba mucho rato en emitir las dos palabras con las que llamaba la atención de los vecinos. Los niños le cogieron el punto: cuando anunciaba un larguísimo «¡Cafeeé...!», le preguntaban desvergonzados: «¿Cómo está tu mujer?», terminaba él sin sentirse aludido el final de su pregón: «¡… caliente!»
Su marido murió sin haberle dado el don de la maternidad, pero al menos, el casamiento, le sirvió para descubrir cómo se escribía y pronunciaba su nombre. Realidad ortográfica y santoral que ni ella misma, ni toda la población, procuró corregir en lo adelante.
sábado, 19 de abril de 2008
Blogosfera
Sólo tengo un diccionario escolar de inglés-español que no contiene la palabra blog. No sé, por ahora, el significado de este término internetario (hasta que un buen amigo me lo diga o tenga yo la voluntad de indagar por mejores documentos), pero sí me gusta el compuesto blogosfera.
Este neologismo me suena a como hablo y entiendo yo: blogosfera. ¿La esfera de los blogs? El lugar común, abstracto sin embargo, donde todos los blogs confluyen. Supongo. También supongo que puede denominar la unión de dos, o varios mundos de distintos pelajes.
Uno, que es muy de su pueblo aunque presuma de ser “ciudadano del mundo”, le tiene cierta antipatía a la abundancia de anglicismos en nuestra lengua matria. Por otro lado, un tal licenciado que no ejerce de tal pero que presume de saber más de lo que enseña, me aleccionó un día de que lo correcto, en español del bueno, es decir bitácora, no blog, a este tipo de publicación en que andamos. O en que estamos.
Cuando iniciamos la andadura a tres para contar historias de Talbania, al desaparecido Juan Luciano le daba igual el nombre de la zona; Silvestre sugería que le llamásemos blog por corresponderse con su cometido actual, pero yo prefería el nombre de bitácora por más sonoro y literario. Pero una bitácora, dice el DRAE, no es más que una «especie de armario, fijo a la cubierta e inmediato al timón, en que se pone la aguja de marear». Otro animal bien distinto y más parecido a esto es un cuaderno de bitácora.
Pero blogosfera me evoca la posibilidad de la casa de una amiga rica, tolerante y culta, en la que uno entra sin protocolos y allí encuentra de todo lo necesario.
Ya ven que no es fácil quitarse la caspa de romántico.
miércoles, 16 de abril de 2008
Una conversación fluvial
Entre las muchas palabras y expresiones locales que no fueron recogidas en La república hablanera, por considerar que su uso es del español universal y no restringido a éste ni a otro pueblo igual de dicharachero, está el verbo zambucar. ─Zambúcame otro medio, dice el parroquiano al tabernero; u otra cerveza o copita de aguardiente, que no todo consumo bucal y estomacal, y por extensión sensitivo, lo es en favor del negocio de la campiña Montilla-Moriles. Este modo de pedir otra consumición se oye con frecuencia entre las personas de más de 40 y 50 años, y se dice bajo el significado de que zambucar es verter un líquido en un recipiente, o vaciarlo, pero he aquí lo que nos dicta el DRAE: «zambucar. 1. tr. coloq. Meter de pronto una cosa entre otras para que no sea vista o reconocida». Totalmente despistados, el docto o el pueblo. El María Moliner, Diccionario del Uso del Español, resulta algo más explícito en su definición: «zambucar. Escamotear. Esconder rápidamente una cosa entre otras; especialmente, las cartas de la baraja». Nada que ver con volver a llenar las copas, ni a llenar o vaciar un cántaro de agua, como es nuestro entendimiento de este sonoro verbo cortijero.
Hace unos días, en una de nuestras tascas y sin cuidar lo que los demás oíamos de su discusión, tres paisanos debatían sobre el lugar donde el río Genil se une al Guadalquivir. Dos de ellos razonaban con geográfica justicia que no era otro que en Palma del Río, pero el famoso Pepeaya insistía que no, que donde los dos ríos se juntan es en Sanlucar de Barrameda. A mí me parecía que Pepeaya, en su estado de semi embriaguez que le caracteriza con frecuencia, sabía lo que decía, es decir, que le estaba dando largas al asunto fluvial en aras nada más de mantener por tiempo una conversación sin sentido, a menos que, en verdad, se le hubiera ido el santo de la situación al cielo y creyera lo que no había podido ver nunca ni en un atlas ni de viaje por Andalucía. De modo que uno de los otros dos, algo ya exaltado concluyó con determinación:
─¡Que no, Pepeaya, que en Sanlucar lo que pasa es que zambuca! ─cambiando así el sentido local de la acción de zambucar por otro más novedoso y arriesgado: desembocar.
















