Evgueni Stuchenko: A la izquierda muchachos, a la izquierda, pero nunca más a la izquierda de vuest

sábado, 13 de agosto de 2011

Apuntes de un viajero sin cámara fotográfica



Tercer día en Cantabria, domingo.

Madrugando he llegado hasta el sur de la Comunidad.

Sopeña, tierras de Campoo de Suso, idílico lugar con riachuelo en la base misma de una ladera altísima, frondosa, inaccesible para la sencillez de un hombre. Casa abandonada y ruinosa: se vende; al ladito mismo de un club de putas en lo que fuese un caserío hermoso. A continuación, tras un recodo del terreno, tres casas antiguas. Nada más es Sopeña; el ruido de la autovía al frente se mantiene constante, con la misma impasibilidad que el silencio de este lado del arroyo, igual que si la lluvia menudita.

Cervatos, pueblo lindo con colegiata románica del s. XII, de lujo austero por dentro, piedras en todas las calles, las calles empedradas, sonidos de esquirlas, silencio amoroso y unos cuantos turistas, parejas de mi edad, pero ni un bar…

Su historia: un alcalde cortó él solo un haya grande, con su barrena de mano fue cortando raíz a raíz y después la transportó con maquinaria para ponerla de mesa o decoración en el jardín de su casa. El tronco del haya mide más de un metro de diámetro. Está allí, yo lo he visto, lo contemplé engañado por la sensación de pensar lo que habían hecho con un árbol así. A menos que se hubiese secado de puro viejo. Pero no fue la vejez, sino la avaricia. Pocos meses después el hombre apareció muerto, tirado de cabeza en un hondo regato, con la maleza solo se le veían los pies y no se supo quién fue el ejecutor.

Esto me contó un vecino anciano.

El plinto de la vieja haya desmochada y desarraigada, centra el jardín de una casa señorial que fue de aquel alcalde. Ahora la casa y su alrededor es de otro individuo que la hizo nueva, pintoresca, sin árboles en su jardín de césped con piscina grande de plástico azul.

Reinosa, por fin veo una joven linda, la que atiende la cafetería junto a un parque donde desayuno, se llama Virginia. En la mesa de al lado está otra mujer de más de 40 años, recia y renegrida, que intercepta para darme ella la información que le he pedido a Virginia… Me dice con entusiasmo de gitana vendedora que vaya a Polientes, que es cosa digna de ver, pero yo me dirijo a revisitar el pueblito de Salces que tiene dos puentes de piedra dura sobre el joven Ebro. Después regresaré por el valle del Saja, y eso está en otra dirección.

3 comentarios:

Luna dijo...

Qué bueno que no tengas cámara!.
Eres explícto hasta lo palpable.
Enhorabuena por haber encontrado esos lugares.
Ojalá yo supiera explicar sin cámara con tanta lealtad.Lo haría, pero con alevosía, seguramente.Saludos

Prudencio Salces dijo...

De cualquier manera, no soy enemigo de la cámara fotográfica para viajar, porque pienso que es un complemento tan útil y fiel como el necesario cuaderno para ampliar la memoria del viajero. Lo que ocurre es que si la tengo no la sé usar, y mi teléfono móvil es de la edad de los Picos de Europa.

Pero qué raro, Luna, pincho en tu blog y resulta que "no hay entradas", como antiguamente en las corridas de toros.

Talbanés dijo...

Ten cuidao con esas hembras norteñas que son más valientes que una jara jejeje. Bromas a parte, que bien y que fresquito debes estar por aquellos andurriales. No conozco Cantabria, pero sí Asturias y Galicia, e imagino que deberán ser idénticas o parecidas en su verdor y frescura. Un saludo pare.