Evgueni Stuchenko: A la izquierda muchachos, a la izquierda, pero nunca más a la izquierda de vuest

lunes, 1 de marzo de 2021

De cuando la poesía era un asunto 2

 

SONETO

 

Por un polvo a las doce de la noche

do confirmas ¡oh Dios! tu amor pacato,

por la casa cuida y presto el planto,

por tener ropa limpia y limpio el coche,

 

renunciaste de Troya en un derroche

de flaqueza y de miedo: vil contrato

que no cumple su efecto. Paga el pato

si oxidado el amor ya tiene el broche.

 

Si oxidado el amor te está pudriendo

las ternezas calladas del abismo

y el perfume aventura de las rosas,

 

folla en punto a las doce sucumbiendo

y amamántate a gusto en egoísmo

mientras llueve en los olmos y otras cosas.

 

Del libro Patrimonio. 1988

 

miércoles, 27 de enero de 2021

De cuando la poesía era un asunto

 

 

La poesía no se puede leer

cansado, no, ni se puede escribir

cansado, sí, no es un deber vivir

cansado del viaje ni de ser.

 

La poesía no se puede querer

cansado, no, ni se puede sentir

cansado, sí, no es un deber el ir

cansado a las pasiones ni al placer.

 

Es difícil seguir cansado. Osado

seguir la estela azul de la poesía

desde el anochecer hasta el final.

 

Es difícil seguir, y no es igual

leer poesía, osado, si cansado

llegas por escribir al fin del día.


sábado, 22 de agosto de 2020

AHORCADOS

 

Ayer se ahorcó un vecino. Victorio, el apellido no lo sé. Victorio el de Ropi, así lo conocíamos en el pueblo. Noventa y tres años, viudo y solo. En Montalbán casi todos los suicidas varones optan por el ahorcamiento, mientas que las mujeres escogen otro método más espeluznante: se toman un bote de lejía. A Victorio, las últimas veces que lo he visto aquí mismo en la calle, porque éramos vecinos, me saludaba con aprecio, tal vez porque era su carácter o por la simpatía sobre la camaradería política. Siempre me pareció un buen hombre, pero los hijos los tenía en Francia, donde había sido emigrante durante muchos años. No sé si alguien lo cuidaba o se apañaba solo, pues se le veía saludable para su edad. Ya no podremos saludaros más con ese buen ánimo que mostraba.

Yo oí desde niño los muchos casos de ahorcados que sucedían en el pueblo, solo que no me sé los nombres ni lo apodos de algunos. El que primero recuerdo, siendo yo todavía un chavalillo, fue el del Campano. Al parecer un amor contrariado lo llevó a tomar esa decisión atroz. Años después de su muerte escribí un relato basado en su locura y su decisión delirante de colgarse de un olivo. Ya estando casado, se ahorcó Porcelana, que era también vecino nuestro. Porcelana tenía, como Victorio, la vida más o menos cumplida y los hijos casados. Muchos años después se ahorcó, también de un olivo, Luis el de la Pura, y fue un suceso mencionado largamente que se menciona hasta nuestros días. Al parecer, iba Luis camino del cementerio y alguien con el que se cruzó le preguntó que a dónde iba: A ahorcarme, fue su rotunda respuesta. Lo cual parece un chiste de Groucho Marx, pero fue su adiós definitivo, macabro.

En mi barrio, además de Porcelana y Luis el de la Pura, también se ahorcó en el almacén próspero de materiales de construcción de sus hijos, el Prieto. No recuerdo, o no lo sé, su nombre propio, pero todos lo conocíamos por el apellido. Igualmente, y no hace muchos años, un jornalero llamado José el Chano, padre de seis hijas y un hijo. escogió la higuera de su corral para el acto final de su vida. Asimismo, y por aquellas fechas de principios de siglo, el llamado Niño de las Tortas, porque a eso se dedicó durante muchos años, también escogió la higuera de su corral para decir adiós a la vida. Era un pobre hombre con deficiencia intelectual, por lo que me preció extremadamente extraño su decisión de quitarse la vida. 

Creo recordar que fue en 2016 cuando se ahorcó un joven al que apreciaba bien. Era un hombre simpático y de sonrisa dispuesta siempre para el saludo. Esta muerte me causó más pesar que muchas otras. Había sido seminarista pero abandonó los hábitos cuando ya estaba próximo para confirmarse. Se casó con una chica del pueblo y a los pocos años se divorciaron. Nos llevábamos bien y a veces hablamos de pasar una temporada en el seminario donde él iba algunas temporadas para reflexionar en recogimiento, según me dijo. Su padre es un agricultor solvente y él llegó el día fatídico de trabajar, entró el tractor a la cochera y allí se colgó de un cordel. Digo que su muerte me causó pesar porque era un creyente practicante, lo que contradice los preceptos de la Iglesia. Pues aunque uno no sea creyente, la decisión última de este joven me trastocó el entendimiento entre la fe y el suicidio.

El verano de 2017 se suicidaron dos primos hermanos. El uno padecía enfermedad mental por lo que pasaba temporadas recluido en manicomios. Este no optó por ahorcarse, sino que se tiró desde la azotea de su casa a la calle donde quedó sin vida. El otro, que regentaba un puesto de periódicos, era un tipo genial, alegre y dicharachero, sin esto no es una concomitancia. Solo tenía un defecto físico en una mano y en una pierna pero se valía de mañas para trabajar con una sola mano y ayudarse con el dorso de la otra. Nadie pensaría que un hombre que parecía feliz se quitase la vida en su propia casa colgándose de la argolla que sujeta la lámpara.

viernes, 10 de julio de 2020

¡Ño! Todos somos raros

Memorial del confinamiento


Rubén Latino Salces Valle


Ñ

-¡Ño, qué difícil! Una especie de jornada de reflexión previa al sábado santo.

-Ñu azul a la plancha y ñu heavy con flauta.

Al igual que pasa con las personas raras o las enfermedades raras, también hay letras raras, como la EÑE, pero no por ello habría que quererlas menos. Personas raras son normalmente las que se salen de los estereotipos y los cánones marcados por una sociedad idealizada y a veces un poco nazi.
Como por ejemplo, el colectivo LGTBI, que todavía en el siglo XXI ya avanzado, sigue teniendo problemas para decir con libertad su tendencia sexual. No tanto en el mundo del espectáculo, donde se incluye la música, con ejemplos como Elton John, George Michael, Prince, Ricky Martin, Chavela Vargas o Miley Cirus, con algunos casos en los que se crea ambigüedad sexual y en otros no dudan en decir que son gays, lesbianas, bisexuales pansexuales. Cantar por la libertad sexual es una cosa, como hicieron Mecano en aquel Mujer contra mujer o los Village People con el Macho man y otra cosa es vivirlo, como Freddy en I want to break free.

En el deporte de grupo por contra, donde se comparte vestuario, es un poco más difícil abrirse de esa manera, cuando se debería presuponer que hay confianza de equipo… Y también hay dificultades para expresar los sentimientos de forma libre en los pueblos pequeños, en la política y hasta en la charcutería.

Personas raras también son las demasiado gordas, las demasiado flacas, las demasiado altas, las demasiado bajas, las mujeres con pelos en zonas indecentes y los hombres con muchos dientes o cualquiera que tenga malformaciones y que hasta hace bien poco se ganaría la vida, de una forma no se sabe bien si honrosa o no, en el circo.

Personas raras son además, las que se pasan de listas, las que se hacen los tontos o las que son gilipollas sin más, y durante la pandemia, redes sociales mediante, están creciendo.

Y también se consideran raras  a esas personas que van por delante, o en paralelo, o en “otro mundo”, las del espectro autista, que tantas dificultades tienen para socializar.

Según FEDER (la Federación Española De Enfermedades Raras), por enfermedades raras o poco frecuentes se entiende que son “aquellas que tienen una baja prevalencia en la población. Para ser considerada como rara, cada enfermedad específica sólo puede afectar a un número limitado de personas. Concretamente, cuando afecta a menos de 5 de cada 10.000 habitantes. Sin embargo, las patologías poco frecuentes afectan a un gran número de personas, ya que según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “existen cerca de 7.000 enfermedades raras que afectan al 7% de la población mundial”. Pero además de estas, cualquier persona que no esté en plenas condiciones físicas y psíquicas se siente desplazado con frecuencia, como un chico en silla de ruedas que no puede acceder a la playa o a la zapatería; como una señora ciega que no puede leer porque en la biblioteca de su barrio no tienen acceso al Braile; como un sordomudo que no puede hacer su pedido en el cien montaditos.

Ñoñerías y cosas serias aparte, la eñe es el tema del día, o el apéndice, para darle más visibilidad. Y resulta difícil buscar una banda sonora que no sea la de Ñu, ese grupo coetáneo a los últimos días de Franco por el Pardo, en el que un guitarrista llamado Rosendo jugueteaba con las seis cuerdas, y un cantante y flautista, José Carlos Molina, emulaban canciones de Jetrho Tull e introducían el folk rock en España y posteriormente servían de inspiración a muchos músicos del metal y del folk con su canciones alegres y medievales.

Recetas con ñu no hemos preparado durante el confinamiento, aunque en algunos países seguro que lo preparan asado o a la plancha, aunque me temo que tiene que estar durilla es carne, porque los ñu corren mogollón, que se lo digan a Mufasa, el malvado tío de El Rey León. En realidad, ni con ñu azul ni con ñu blanco ni con ninguna eñe hemos encontrado qué cocinar, pero mis rizos de por encima de las orejas me hacen parecer en ocasiones un ñucito. Ahora con el confinamiento estos antílopes lo deben estar pasando regular, porque suelen moverse en manadas grandes, y para ellos la distancia de seguridad seguro que es complicada…

Con la exclusión de LL y CH como letras del abecedario ya que argumenta la RAE que “en realidad, no son letras, sino dígrafos, esto es, conjuntos de dos letras o grafemas que representan un solo fonema,” me hacen un favor, porque es difícil encontrar una receta con la LL, a no ser que tomemos como válido las Mandarinas de Llull y grupos musicalmente con cierto reconocimiento, porque en la búsqueda solo encontré algunos como “Llamando a Londres”, “Llave de fuego” , “Llevarte a Marte” o “Llorando en el desierto”, que no se en realidad si son nombres de películas de sobremesa.

El caso de Ch da mucho más juego, tanto por las variedades de Chocolates que se pueden ingerir, como la versatilidad de los Champiñones como guarnición de cualquier comida o incluso como plato principal, con ajito y perejil. Encontrar buena música con este dígrafo también es bastante asequible, desde Cher o Chayanne para bailar, hasta los Chemical Brother, para bailar de otra forma, Chucho Valdés para escuchar o Chambao para intentar cambiar la mentalidad aunque sea Poquito a poco.


jueves, 2 de julio de 2020

Último rollo, de Rafa Aguilar



Cuando dijo ¡basta!, comenzó a escribir. Pero ya había fotografiado todas las formas de la vida y la vida se le hizo inextricable. Él, tal vez, no se daba cuenta, pero dejaba impresas ventanas y humaredas, todo lo que una cámara de hacer fotos pueda captar, hasta el alma de las cosas y el ser de las personas.
         Ya había retratado personas y personajes, paisajes y animales, cabriolas de copas rotas, gatos de pose prodigiosa. En fin, la cámara le servía para dejar plasmado un mundo de extremas convivencias.
         Antes, o mientras tanto, había sido pintor con entusiasmo. De una víctima mía que leyó en un cuento me retrató llorando. Un cuadro que conservo como la afirmación de una amistad. Comprendió que no se puede ir por la vida con un estigma a cuestas, y así me lo dio a entender. Por eso cogió la cámara de hace fotos para elevarse sobre el estatismo y la quietud de las formas.
         Pero llegó un momento y dijo basta, hasta aquí las poses predispuestas y las sonrisas sin aire, hasta aquí los gatos y ventanas que tanto bien le dieron, hasta aquí el discurrir de las fuentes que no producen sonido. Y entonces cogió un lápiz y un cuaderno.
         Casi sin darse cuenta, como el que sale a buscar espárragos trigueros, comenzó su nueva andadura artística: escribir sobre todos los rollos que ha tirado. Y tras un largo periodo de pensamiento e inspiración, escudriñó en su propia biografía de fotógrafo. Y de ahí, sin sentimentalismo ni lluvia sucia, se recrea en una especie de arrepentimiento existencial, en una suerte de memoria sin futuro, en un tiempo bendecido por la felicidad de la nada.
         Escribir pequeños apuntes sobre su tiempo de fotógrafo lo ha conducido a otro tiempo en el que revela lo ya revelado en la cámara oscura. Una predisposición de artista sin horizonte ni prejuicio airado. Ni aireado, diría él mismo. Una combinación de teselas emocionantes fue saliendo con sencillez del lápiz al cuaderno íntimo. Pensamientos sinceros que conmueven aunque no te detengas en sus tripas. Porque, hasta en el más nimio apunte, hay un regusto de poesía rebelde. Una sinceridad sobre el tiempo pasado captando lo posible y lo deseado. Pues que todo el tiempo dedicado a fotografiar lo palpable y contundente, se revuelve en el Último rollo de Rafael Aguilar como un arrepentimiento sin resabios ni disculpas. Tan solo las verdades que su cámara diera a la realidad, pero superando las palabras a las imágenes que la memoria ya no pueden retener.  
Último rollo, una celebración de ironías y consignas que su autor quiere compartir con los amigos, sin pretensión ni alardes de escritor en ciernes, tan solo con la nada de recuerdos hermosos, y a veces tristes. Porque la tristeza también es un componente de las figuraciones fotogénicas.

miércoles, 24 de junio de 2020

De MÁLAGA A BARCELONA POR CINCO EUROS

Rubén Latino Salces Valle


G.
- Garbanzos, ahora con espinacas, viernes 3 de abril.
- Gaga, Lady, Madonna con competencia directa.
-“Shallow”, con Badley Cooper es más pegadiza que cualquier tema de regaeton pero mucho más bonita. Es la canción original de la película “Ha nacido una estrella”, en la que Lady Gaga hace de Lady Gaga. https://www.youtube.com/watch?v=JPJjwHAIny4
-“Bad romance”, incluida en su segundo disco, 2009 (“El monstruo de la fama” ¿se referiría a ella misma?), solo un año después del exitazo de sus inicios “Fama” de 2008. https://www.youtube.com/watch?v=GvY-QzopiDk
El cielo lo agradece, se ve más clarito estos días, sobre todo los que no están nublados, como hoy. Totalmente inmaculado: ni un cumulonimbus, ni cirros, ni por supuesto, rastros de aviones. Con frecuencia estos robustos medios de transporte voladores van dibujando, casi siempre en blanco pero en ocasiones, al atardecer también en otros tonos pastel, una estela de diferentes longitudes, espesores y durabilidades. Es guay cuando se evaporan casi al instante, y cuando se cruzan dos de ellos dibujando una equis en el horizonte, como dando por tachado el día, o cuando hay varios en la misma dirección y apuestas a quién ganará la carrera. Seguro que los antiguos, los campesinos y pescadores de antaño, saben identificar si va a llover o será un día espléndido de cosecha al observar las sendas de los aviones.
La cuestión es que no hay aviones desde hace tres semanas y madre tierra tan agradecida.
La primera vez que cogí un avión (no sé por qué esta expresión, con lo que pesa un avión como para cogerlo), o tomé un avión como dicen en Argentina, porque allí para coger lo ideal es ponerse condón, fue por mero placer, como la mayoría de los viajeros, para pasar unos días en torno al fin de año con los amigos de Marc, el novio de nuestra amiga Carmen, que estudió enfermería, le salió una oferta de trabajo en Tarragona y allí se quedó. El aeropuerto está en el término municipal de Reus, que le da nombre, y a la misma distancia de la capital tarraconense que el Park Aventura, cerca en coche. Fue una maravilla ver el Delta del Ebro desde las alturas antes de aterrizar.
El viaje fue peculiar, mi padre me advirtió que el vuelo tal vez no se hiciera completo porque el billete sólo había costado cinco euros, y con eso, poco gasoil llevaría decía el hombre. En el aeropuerto de salida, los nervios fueron incrementándose por momentos: mi compañera de viaje tampoco había viajado nunca y además padecía un poquito de vértigo, un poquito de claustrofobia y un poquito de cuentitis; y yo que iba tranquilo, al ver todo el protocolo de actuación previo al embarque, me uní al miedo escénico.
Después no fue para tanto: solo que te hacen quitarte zapatos, cinturón y chaqueta, pero te sientes desnudo; guardar los aparatos móviles en una bandeja diferente al resto de tus pertenencias, que durante el tiempo que están en la cinta transportadora no son tuyas, ya que los aeropuertos son zonas francas y para reclamar algo tendría que venir la policía internacional; colocar los líquidos en una bolsita transparente en la que no, eso no lo puedes meter en equipaje de mano porque es de 105 mililitros; pesar la maleta y colocarla en una estructura metálica a modo de cajón por si algún despistado lleva una un poquito más grande o que no encaje en las dimensiones que a ellos les conviene para entonces cobrarte cincuenta y cinco en vez de sólo cinco euros por el billete; y pasar por el arco metálico, con el mal rollo que da cuando el de delante de ti pita y es porque se le ha quedado una moneda de veinte céntimos en el bolsillo interior del pantalón.
Bueno… y llevaba unas tijeras en la maleta… que si las quería facturar me decían. Allí se quedaron, en el contenedor aquel lleno de botellas de agua sin empezar. Uno metros más adelante, las mismas botellas al triple de precio. Esto de volar, mola. En la puerta de embarque hubo bronca, un grupito de adolescentes pretendía colarse asegurando que iban todos juntos pero sólo dos de ellos hacían la cola para descansar el resto y hacer turnos rotativos de guardianes en pié y de caraduras sentados. El señor mayor le decía que nanai, que si iban dos delante suya, entraban dos, no cuatro ni cinco, que para eso llevaba él allí más de una hora. Porque en los vuelos low cost (bajo coste, así se denominan y por eso valía cinco euros el billete, padre), normalmente no tienes derecho a elegir asiento.
Asiento que con suerte de que no te toque una persona entradita en carnes o de espaldas  robustas al lado, tendrás para disfrutar durante lo que dure el viaje con la posibilidad de inclinar las rodillas entre 45 y 90º, no podrás estirarlas del todo a no ser que vayas de pie y entonces te des con el maletero en la cabeza. De la parte inferior del maletero, en cuyo interior algún viajero avispado ha conseguido meter una mochila diez centímetros más larga de lo permitido y ahora no cierra, además de la bombillita personalizada por si quieres leer, comer o simplemente tener luz cuando los demás descansen; está el chorrito del aire compartido, dos para tres asientos consecutivos. O te pones de acuerdo con el compañero de asiento, o terminas pasmao el viaje. De ahí también saldría la mascarilla en caso de pérdida de oxígeno en la cabina y el chaleco salvavidas, en caso de que el avión tenga algún fallo o se le agote el combustible que mi padre predecía y no consiga aterrizar en su destino. Con suerte, dentro de la desgracia del accidente aéreo, se cuadraría para que fuese en torno al Guadalquivir o las Lagunas de Ruidera, que ese año llovió bastante y tenían algo de fondo; porque en el resto del trayecto no había muchas zonas acuíferas para la maniobra de salvamento, ni la serranía de Cazorla ni en la de Teruel.
Creo que el vuelo estaba calculado para que durase en torno a hora y media, pero llevábamos dentro del avión, con los cinturones bien apretaditos y los móviles apagados, “paseando” por las pistas del aeropuerto como media hora, esperando turno para despegar, como cuando estás en la pescadería con varios delante y ya que sabes lo que vas a pedir te lo quita el que cogió el numerito antes que tú. Y de repente, el momento emocionantísimo llegó cuando el bicho coge velocidad en la recta infinita sobre las ruedecitas que parecen ridículas pero que son más grandes que las de cualquier camión, y poco a poco (no tan poco a poco por las caras de algunos vecinos de asiento) se va inclinando, cada vez a más velocidad y el cuerpo se adhiere al respaldo. Espectacular. La ciencia lo que ha conseguido.
El vuelo fue tranquilo, casi nadie se movió de los asientos y las azafatas solo vendieron lotería, colonias, descuentos para el parque de atracciones, tabaco de marcas que ni existen, el reloj de Brad Pitt y el momentazo del dutty free shop. Como era un vuelo corto, no había menú, pero si tiempo para un snack. El presupuesto de veinte euros nos daba para elegir entre kit kat o agua. Menos mal que era hora y media de vuelo, sino pasan con biblias y pistolas también. Un entrañable viaje, lo repetiré en cuanto que pueda.
Luego la bajada del avión no fue como imaginaba. Había visto una foto de Marilyn Monroe en las escalerillas, bajando con esa sensualidad que le caracterizaba, sin posar y salía perfectamente, como en todas sus fotografías. El fotograma era en blanco y negro, de los años 50, pero ella desprendía brillo, color y calor. Y no fue lo mismo, al bajar nosotros nos tuvimos que amontonar en la fila, dar codazos para salir y para meternos en el bus lanzadera y por fin, ya estábamos en tierra firme.
Igual aquel avión de Marilyn no era de bajo coste. M


miércoles, 10 de junio de 2020

Nadie nace odiando


Rubén Latino Salces Valle


Nadie nace odiando a otra persona por su color de piel, su origen o su religión La capacidad de Nelson Mandela de usar como único arma la fuerza de sus palabras fue lo más poderoso y que le acompañaron en su lucha por la igualdad en Sudáfrica. Vivir y morir por la igualdad era una de sus máximas: He luchado contra la dominación blanca y he combatido la dominación negra. He promovido el ideal de una sociedad democrática y libre en la cual todas las personas puedan vivir en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir, pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir. Decía el irrepetible líder.

Si escuchamos los nombres, por ejemplo, de Beyoncé, Michael Jordan o Barack Obama se nos viene inmediatamente a la cabeza fama, éxito, dinero, popularidad. O tal vez si pensamos unos segundos más, se nos ocurren conceptos relacionados con ellos como sacrificio, esfuerzo, constancia. Quizá estas tres personas cumplan con los cánones del producto que se vende desde el territorio norteamericano como “el país de las oportunidades”, donde “todos pueden llegar a donde se propongan”, pero está claro que el “sueño americano” no es asequible para todos por igual. Lo que debería estar ya a estas alturas normalizado, sigue siendo una gran lacra en la sociedad, el racismo. Y sí, Jordan y Beyoncé son negros y son unos referentes en sus especialidades. Como ellos, muchos negros antes han tenido que luchar además de contra las dificultades del momento, contra otras específicas de hospitales o autobuses solo para blancos; de exclusiones sociales; de desprecios, insultos y palizas por el simple hecho de la pigmentación de la piel. Palizas que a veces terminan en muerte. 

La asfixia posicional es una técnica que utilizan los policías para inmovilizar a detenidos (no tiene porque ser negro) y en la que se evita que los pulmones se expandan por la caja torácica y que mal usada, o usada en exceso deja sin respiración al delincuente de turno. Muchas veces hemos visto imágines sobrecogedoras de maltratos policiales y en gran parte de ellas, las víctimas son de color negro. El último caso conocido, George Floyd, que no era un peligroso atracador de banco, sino que usó un billete falso para pagar y le condenó como delito para que una patrulla lo denunciara primero, lo arrodillara después y tras poner la rodilla en su cuello durante casi 9 minutos, murió asfixiado ante la mirada del resto de policías y de varias cámaras que inmortalizaron la lamentable hazaña. Ya destituidos, se acusa a los policías de asesinato en segundo grado para el actor principal y ayuda e incitación al asesinato a los tres.

Otro acto similar al del pasado mes de mayo en Minneapolis, en los Estados Unidos de América, con igual repercusión mediática y seguimiento por parte de famosos y ciudadanos de todos los colores, fue en 2004 cuando Eric Garner murió igualmente ahogado por un policía neoyorquino. En aquel momento el deporte se solidarizó con el slogan I can´t breathe (No puedo respirar), siendo el popularísimo baloncestista Lebron James uno de los personajes más visibles y más implicados con la causa y secundado por equipos de todos los deportes, manifestaciones en varias ciudades e incluso el reconocimiento del entonces presidente Barack, que intentó parar las macabras técnicas de la policías, pero había sido otra "manzana podrida" de un policía, es un problema de racismo estructural.

Para que Beyoncé triunfe en la música, antes han tenido que luchar mucho Billy Elish, Diana Ros o Ella Fitzeral; para que Jordan triunfase en el deporte, antes han tenido que trabajar duro Mohamed Alí, Carl Lewis o Tommie Smith (el ganador de medalla de oro en los JJOO que en la entrega de medallas levantó el puño con un guante negro en honor a los conflictos raciales de la época); y para que Obama llegara al poder, en parte se lo debe al trabajo previo de Malcom X o del sueño de Martin Luther King.

Desde que la antropología estudia a los humanos y humanoides ha habido innumerables clasificaciones: Allá por el siglo XVI, las cinco razas humanas según Blumenbach eran: mongólico o amarillo; americano o rojo (nativo americano); caucásico o blanco; malayo o pardo (del sudeste de Asia); y etiópico o negro. Colores que nada tienen que ver con los Juegos Olímpicos, Según Coubertin, los colores de cada anillo con el fondo blanco representan los colores que aparecían en todas las banderas nacionales de los países, ni con los contenientes.  Algo más recientes, los estudios de 1960 se postulan con las siguientes razas geográficas: amerindia (América), europea (Europa occidental), asiática (Extremo Oriente), africana (África negra), india (Península indostánica), australiana (Australia), melanesia-papú (Melanesia), micronesia (Micronesia) y polinesia (Polinesia). A la conclusión que llegamos es que las razas no existen, ni biológicamente ni científicamente. Los hombres por su origen común, pertenecen al mismo repertorio genético. Las variaciones que podemos constatar no son el resultado de genes diferentes. Si de “razas” se tratara, hay una sola “raza”: la humana.

#BlackLivesMatters #LasVidasNegrasImportan

martes, 26 de mayo de 2020

A mis abuelas


A mis abuelas sí que las conocí. Bueno, a “una y media”. 

Rubén Latino Salces

La “media abuela” fue en realidad la Tita Paca, que se hizo cargo de 2 niñas adolescentes (mi madre con 13 años) cuando mi abuela de verdad, la que parió a mi madre y a su hermana, murió joven con problemas del corazón. Por aquellos años de España en blanco y negro, donde el Hospital Reina Sofía no era especialista en cardiología todavía, y donde comerse un plátano era todo un lujo (ya que al pueblo no llegaban), mi abuela, muy guapa según las fotos que he visto de ella (y sin maquillaje) regentaba una tienda de ultramarinos. Me encanta esa palabra y ese concepto. Vendían chacinas, legumbres y conservas y mi madre, de niña, detrás del mostrador también. Mi abuela crió a sus hijas a pesar de su delicada salud. Pues eso, que la Tita Paca, además que cuidar de su marido, el Tito Juan, y del Tito Pepe, uno de sus hermanos (y actor secundario en la novela “Húmedo Agosto”), cuidaba de sus ahijadas en luto. Con el paso de los años, estas seudohijas se casaron y sus retoños llegamos a ser seudonietos de ella. La casa de la calle Nueva era lugar de encuentro para estos niños, ya fuese para chiflar al canario; jugar con la Chuli, esa perrita de 100 años; ayudarle a colgar los melones en el techo pa que aguantaran tol verano, o simplemente, estar con ellos comiendo palillos de pan como manjar. La Tita Paca dejó de vivir físicamente un 23F, un par de décadas después de simulacro de Golpe que nos cambió en este país.

La “abuela entera”, Paca la de los huevos, fuerte y ejemplo a seguir de mujer trabajadora, dio a luz muchas veces. Doce con éxito. En mayo de 2020, Coronavirus mediante, todavía viven los doce y se quieren, que eso es también muy importante. La casa de la CallEmpedrá me parecía enorme de niño. En realidad, era gigantesca. No solo la estructura, con muros de casi 1 metro de ancho (imagínate el precio que tendría esa casa en Calle Núñez de Balboa); sino también en espacios abiertos: el patio, como buen patio cordobés, llenito de flores bien cuidadas; la cuadra, donde descansaba el ganao antiguamente y donde se acumulaban chismes posteriormente; y el corral, inmenso. En el corral cabrían 2 campos de fútbol perfectamente (a lo mejor no con las medidas reglamentearias). Había espacio de sobra para rosales, gallinas, nietos de distintas edades y la higuera! Punto de encuentro obligado, no de obligación, sino de devoción para todos, los 27 nietos. A todos nos conoció, a todos nos dijo en algún momento “Bendecido seas” con un pellizquito en la mejilla y a todos nos dio las buenas noches. Sobre todo los meses que hacíamos “mudanza” a su casa. Ya que una vez que quedó viuda, primero por acompañarla y después por acompañarla y cuidarla, como eran doce hermanos, la cuenta salía rápido: un mes cada uno “an ca labuela”. 

Los primos montalbeños nos veíamos con más frecuencia, aunque de edades muy distantes y con aficiones diferentes. Cuando venían los primos “de fuera” era una atracción. Ya fuesen los cordobeses, el madrileño o los de Bilbao. El seseo con el que nos contaban anécdotas a mí me dejaban trastocao. Mención aparte cuando venían “los alemanes” y la Tita Josefita con bombones Toffifee para todos. Alucinante. Quizá a ella le deba mi felicidad al tomar chocolate con avellana. La abuela se cansó de sufrir y se marchó un 11S,  algún año después del acto aquel que cambió el mundo.

El cromosoma X aportado por las abuelas, esa ternura y tranquilidad que suelen trasmitir, junto a esa mal denominada “malcrianza” (yo creo que es biencrianza porque produce placer) es de lo mejorcito que nos aportan las abuelas. Sin ellas, nada sería posible. Vivan las abuelas.

viernes, 8 de mayo de 2020

Esta muerte diaria



Amo los mundos perdidos
pero también los que hemos conservado
a expensas de que el agua, que la lluvia
se vuelque en el fragor de las encinas.

Quiero decir que hay hombres
perdidos para siempre, ya para siempre muertos
para un abrazo o brindis cuando mayo,
mas sin embargo existen en esencia.

Igual que las encinas duras,
esos mundos perdidos dieron hijos,
tuvieron mil ideas, defendieron
la tierra, resistieron el hambre y las sequías.

Esa fue su consigna
y esa ha de ser nuestra esperanza ahora.



lunes, 4 de mayo de 2020

Allegro con fueco para un amigo





Antonio, nunca jamás bastantemente loado, te he conocido en la risa y la sonrisa limpias y abrasivas.  Una risa que te viene del mar y los atunes y se acrecienta con los vinos translúcidos de Córdoba. Te he conocido en el cante de Camarón de la Isla y en la fiebre flamenca de todos los cantes dichos por tu voz. Te he conocido cantando con alma en la Peña Flamenca Manolo Caracol y en el abismo de una borrachera que te dejó tirado en la noche, por culpa de unos malanges guardias de tráfico. Te he conocido en las entretelas de muchas letras para cantar y en la sinceridad de la distancia. Lo repito: te he conocido en la risa contagiosa y a tu lado yo me he sentido alegre y dicharachero como nunca con otros amigos, porque tu buen humor de altivos mimbres es como una siembra de alegría. Esa es mi suerte de haberte conocido. Tu contagio me hace libre y me sobrepone al destino pueblerino donde me debato en soledad y espera. Te he conocido de muchas maneras, y todas sustanciales, abrazables, pero sobre todo te reconozco Poeta de sangre y fuerza, de empeño y sabiduría, de ilimitada condición y consistencia. Te he conocido en el delirio de los amores perdidos, en la salud de los amores prestados y en la pericia de la seducción a ciegas. Porque tú eres amante del amor y amas la vida con lo que ella contrae, a sabiendas de que no todo es azul Mediterráneo. Lo repito otra vez: te he conocido por tu risa que es poesía de dolor y amargura y pérdidas antiguas. Te he conocido amigo en el abrazo de la generosidad, que es la vida sana y perdurable. Por eso yo enaltezco, con tu nombre, los días y sus sombras. Porque tú estás en ellos firme y andante y decidido como un amigo bueno que puede compararse con el agua primitiva de las rocas. Y por decreto irrefutable de las musas, tu apellido no puede ser más propio que el de Flores.Vale.