Evgueni Stuchenko: A la izquierda muchachos, a la izquierda, pero nunca más a la izquierda de vuest

martes, 9 de octubre de 2007

ES LA PRIMERA VEZ QUE VIAJO SOLA

Es la primera vez que salgo, sola, del páramo. El mar sí lo conozco, y hasta subimos una vez al Peñón de Gibraltar, y la nieve también la he visto ya. En Sierra Nevada vi la nieve una vez y me sentí más niña que mis niños. Ocurrió como en algunas películas de Walt Disney, esos cuentos famosos que estrenan por la Navidad, que a mí me gustaban más que a ellos. No hemos viajado mucho, es verdad, algunas veces y siempre todos juntos, los cinco, pero al norte nunca, y sola, es la primera vez.

Es la primera vez que viajo sola.

--Mira, madre, fíjate bien dónde te pongo la maleta. Cuidado que no te la roben.

Mi hijo Paulo me dejó en la estación de autobuses de la capital, luego se volvería al páramo con su coche y, apenas salimos de la ciudad, comenzó a anochecer. Mi hijo Marcos quedó allá, con el abuelo. Desde que se fue, he vivido, sola, con ellos tres.

Me sentía feliz, y compungida. Tenía un no sé qué, algo de miedo, aquí, en la cabeza, ante un viaje tan largo, sola y de noche, pero aquí, en el cuerpo, yo notaba algo diferente, algo que me rebullía, como un deseo, una inquietud, una dicha tan grande que casi me temblaba por las piernas. Hace nada sería impensable para mí hacer este viaje, pero ahora es necesario.

He pasado la noche sin dormir y no he tenido miedo. Antes de salir había pensado que la noche, la soledad o la oscuridad de la noche, me haría desistir y me volvería atrás. Pero está amaneciendo y sigo decidida: no voy a hacer el viaje para nada. Pues llevo ya diez años esperando; ni los niños tenían noticias suyas ni el abuelo sabe su paradero, y ahora ya lo he encontrado. Y dijo que me quiere...

Ahora estoy más inquieta, si cabe, que cuando me despedí de Paulo. Amanece y estoy llegando al norte. He pasado por túneles largísimos, tan largos y tantos túneles que no comprendo cómo. Veo la nieve allá en los montes, y se me ocurre pensar que están almidonados; veo los verdes valles y sus pueblos, los embalses y ríos, las vacas, las ovejas, tantos pequeños pueblos, y tan altos... Como sujetos a los grandes peñascos. Creo que todo esto se parece a los dibujos de colores que hacen los niños en sus cuadernos. Es tan distinto al páramo lejano de Talbania...

He leído, por primera vez, el nombre de la ciudad. Aún faltan 103 kilómetros. Otra vez me vuelve el rebullir la emoción aquí en mi estómago. El autobús desciende y se aproxima mientras mi agitación aumenta. Ahora el paisaje se aniebla, se levanta la niebla ante mis ojos. Paramos en una gran ciudad que no es donde lo busco. No me parece una ciudad de encanto como me habían contado, tal vez es por la niebla, o es porque pienso en él, que me espera ya cerca. Aquí se bajan todos, menos yo. Lo que queda de viaje lo haré completamente sola en este autobús; sola yo y el chófer, igual que en las películas de intriga.

Él acaba de mandarme un mensaje al móvil: me está esperando allí, en la otra estación. Y dice que me quiere... Dentro de 30 ó 40 kilómetros habré llegado al norte. He de contener mi pulso, mis latidos, mis labios. No diré una palabra: sólo dispararé cuando le vea. Después, si me preguntan, ya daré mis razones. No se abandona a una mujer por tanto tiempo sin decir por qué, ni adónde se va. Y además los hijos, y su padre...

6 comentarios:

Luis Quiñones Cervantes dijo...

¿Hacia adónde irá? El norte, siempre el norte. Entre la confusión y el deseo. Seguimos tus lectores tus historias con el mismo nudo en el estómago que esta protagonista. ¿Será porque todos hemos hecho también un viaje hacia el norte? Conocía este cuento, prvilegiado de mí, pero reconozco en él alguna sutileza más que la primera vez que lo leí.

Gracias por seguir ensanchando tu república, que, como sabes, también es la nuestra. Un abrazo, y dile a Pruden que se recupere de su golpe.

i75mara dijo...

Todos hemos sentido miedo cuando viajamos hacia lo desconocido, el miedo a la muerte.

He disfrutado con la lectura.

Una cosa, ¿está bien dicho "violencia de género"?, por lo que sé las personas tenemos sexo, no género.

Un abrazo

Silvestre dijo...

Naturalmente que es un disparate ministerial eso de "violencia de género". Nunca me pareció correcto, sintáticamente hablando, esa definción para la violencia entre parejas, con premeditación o espontánea, con asesinato o con simples ragusños, o bien mediante el acoso síquico. Hubo su debate al respecto cuando se redactaba la ley, y en aquel debate recuerdo que algunos escritores y otras eminentes voces consideraban que el patético asunto no pasa de ser violencia doméstica.

Por nuestra parte, hemos subtitulado el relato con ese exergo callejero por infundir (solamente al título) una pizca de ironía a la ternura que en sí mismo conlleva. La verdad que es un añadido innecesario, ¿verdad?

Saludos

Anónimo dijo...

Visito regularmente tu bitácora, incluso la tengo en FAVORITOS y voy
leyendo lo que cuelgas ahí. Otra cosa es que no entre a comentar, un
poco por falta de tiempo, y un mucho seguramente por pudor...
Me gusta. No solo el contenido, sino también el continente. Parece como si escribieses en papel antiguo, color sepia, a pesar de lo moderno de la tecnología a la que te has "enganchado". Las fotos... ¿Son tuyas?.
Conocía alguno de los textos, ya lo sabes. Sin embargo no conocía el
cuento de la mujer que viaja sola, que acabo de leer y releer porque
cuando llegas al final tienes que volver a empezar la lectura con una
nueva mirada... ¡¡Enhorabuena!!
Besos,

Alfonsa Cañete Ortiz

Anónimo dijo...

Eso es lo bueno de los cuentos, que te lleven a volver a empezar su lectura. ¿Pero ese suceso ha ocurrido a una mujer de Montalbán? Yo no me he enterao. Que me lo aclareis.

Una montalbeña

orejonkz dijo...

Que duro tiene que ser esa convivencia en 10 metros cuadrados, esquivando miradas, agachando la cabeza, intentando no molestar, y que valor dar el paso y subirse en ese autobus al norte, dirección a un fatal desenlace.

Muy buen relato.

Espero una pronta recuperación del caballero de la mano en el pecho (imagino).