Evgueni Stuchenko: A la izquierda muchachos, a la izquierda, pero nunca más a la izquierda de vuest

miércoles, 10 de junio de 2009

Los poetas - Testamento



Somos más de dos mil, más de quinientos mil, más que los que pilló la pared y cada cual se emboza el verso a su manera.

Algunos van a los congresos buscando no sé qué de fama y abalorios; otros se sientan a las puertas doradas de los concursos y esperan al buen dios que los redima; aquellos, con sus mañas, se cuelan por las pulcras rendijas de las revistas y editoriales para obtener el brillo de su nombre; aquestos, sin embargo, se enamoran de mujeres bellísimas y mágicas y muros (carne de canela, cara de corazón, ala de soledad preconcebida) de nombre malsonante: Fedra, Alejandra, Amaranta, Samarcanda o Alcolea, como quien se enamora del suspiro de Alfonsina Storni.

¡Los poetas! ¡Por Dios! Ese abismo incesante que ha insistido toda la noche, me dijo en Velintonia, callandito, don Vicente Aleixandre. ¿O se llamaba Lluvia?

Por mor de la quimera, tú y yo somos del gremio de los dichos, de la tribu tediosa somos costra, parásitos de la ingente ralea que persigue espectros mirando el florear de Las Tendillas.

Este es mi verso, hermano, mi patrimonio, hermana; cuanto puedo ofrecerte y compartir. Lo demás es oscuro a todas luces.

Espero que sonrías o defeques.


CASI TESTAMENTO

El cáncer de pulmón, la pulmonía,
el infarto nocturno… Vendavales
de muerte radiactiva en hospitales
a punta de ataúd. Melancolía.
Accidentes de tráfico, agonía.
Espera en la mentira y los cristales.
La gangrena y el sida, lo que vales…
el cura y los galenos a porfía.
Yo quisiera morir de otro guisado:
morirme voluntario, de repente,
o en brazos de un somnífero excesivo.
Después ceniza el cuerpo enamorado
sobre el Guadalquivir de su corriente
en íntima función y adiós. Votivo.

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